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De Quimeras y Ensoñaciones

De parte de la princesa muerta

Lo mejor de mi vida has sido tú, tenlo muy presente, mi princesa muerta.
¡ Lo mejor de mi vida ¡
¿Por qué te recuerdo ahora, en la penumbra de la noche, cual si estuvieras viva? .
Y dime, ¿Por qué tuviste que irte, dejándome triste, afligido, melancólico? .
Mis noches son lúgubres sin ti y en mis días, vago luctuosamente por entre una muchedumbre vulgar, chabacana, manidamente insulsa, un gentío que no me dice nada, que no me habla.

Ya sin ilusiones, mi existencia camina desvariando, cual transeúnte soñoliento, divagando recuerdos, repitiendo, repitiendo, repitiendo una y otra, una y otra, una y otra vez todos mis actos, haciendo gala de un inmovilismo atrozmente ensayado ante un espejo, un actor repitiendo un papel, ese soy yo ahora, princesa, yo he sacrificado mi voluntad, mi afecto, al servicio de tu muerte.

Tu humanidad, esa benévola hospitalidad de la que altruistamente siempre evidenciaste, exhibiéndola ante el mundo que te rodeaba, esa humanidad se ha difuminado en el viento, y las cenizas, tus cenizas, esas que me fueron entregadas en una urna, esas se han esparcido, diseminadas por entre el fluir de la corriente del plácido, manso y apacible río Jordán que tú y yo conocimos. .
Ese río donde fuimos dichosos hasta el éxtasis, donde bañarse significaba alcanzar la armonía de nuestros cuerpos y entendimientos, de nuestro espíritu, y donde allá un día me dijiste, “ cuando ya no esté, quiero vagar eternamente en estas agua “, por ello, mi princesa muerta, tus cenizas, tus más intimas reliquias, flotan sempiternamente en el Jordán.

Sé que estás aquí, conmigo, danzando en derredor, cual una sílfide de beldad inenarrable, ofrendándome la mejor de tus sonrisas y sabes, yo te veo, te intuyo, vislumbro tu silueta danzarina de nínfula risueña entre las sombras de la noche, y me regalas, cuando tu ausencia se hace más atrozmente insufrible, y te suplico e imploro que vuelvas, me regalas el don de tú presencia y es el tiempo de tu ofrenda, la ofrenda de Parte de la Princesa Muerta. Cuan singular, ¿verdad, mi princesa? , que seas tú, una divinidad, quien ofrezca su dádiva a un mortal, cuando soy yo quien debiera obsequiarte con prebendas a la puerta de tu templo. Te quiero.

Sobre todo, es cuando me siento junto al río, cuando te intuyo, tú, cual náyade, divinidad femenina protectora de fuentes y de ríos, a ti te siento, con plenitud, bailando entre las ondas, al compás del devenir de la corriente, es tu presencia, mi querida princesa, y te quiero acompañar en tu devenir, me descalzo, deposito mis sandalias en la arena, entre la hierba de la ribera y te sigo en tu trasiego serpenteante; no hace frío, princesa, no temas por mí, el agua templa mi rabia de no poder poseerte, de no compartir tus anhelos, de no contemplar tu fisonomía, tu efigie de primorosa belleza, de no participar en la alegría, de no tomar parte de tus deseos. Aquí, dentro de ti, en el río, aquí eres mía para siempre.

Unos pescadores de madrugada, cuando los peces despiertan, encontraron en uno de los márgenes, en la ribera del río Jordán, unas sandalias abandonadas junto a una urna vacía ….

… Mi incauto Lector, ¿te has dejado llevar por la equívoca percepción de los sentidos, de la imaginación? Y creíste que la aguas del Jordán anegaron mi vida, no, ni más lejos de mi intención.

Perdí conciencia del paso del tiempo, el agua, y tus cenizas, princesa, rodeaban mi ser, mi esencia y yo te perseguía. ¡ No te marches ! . ¿Dónde vas sin mí?. ¡No me dejes sólo! ¡Te quiero, princesa!.
Unicamente la llegada del ocaso me impidió seguir participando de tu compañía, seguirte en tu destino hacia el mar, en la penumbra de la noche fui incapaz de hallarte, las sombras vestían de luto tu camino y me negaban la visión de tu dicha, la oscuridad me impedía caminar entre las aguas, persiguiéndote. Mañana, al alba, volveré a buscarte, mi princesa, al alba, volveré a arrojarme a las aguas en pos de ti y te juro que he de hallarte, no importa lo lejos que el río me lleve, no importa que acabe en el mar, también en él he de sumergirme perseverando hasta encontrarte

Al regreso a la ribera del río, encontrar mis sandalias y la urna me fue inasequible, la opacidad de la noche engullía todos los objetos dándoles apariencias fantasmagóricas.
Unas gotitas de agua salada se mezclaron con las de agua de dulce que resbalaban por mi piel. Jamás he llorado por una mujer, princesa, jamás hasta hoy.

En mi paseo vespertino vislumbre unos pescadores en la orilla y me senté a su lado a contemplarles, el más joven me llamó y me habló : “ Estos objetos son los que está buscando, no busque más, no la busque a ella en el río, ella está aquí y aquí “, dijo entregándome mis sandalias y la urna y señalándome con su brazo extendido y unidos los dedos de las manos el borde de mi sien y el centro de mi pecho.
Le di las gracias por su enseñanza, por el significado de aquel gesto, ella estaba en mis pensamientos y en mi corazón, en mi alma, en mi interior

Esa tarde regresé y dejé de buscarte. Te había encontrado. No estabas perdida en el río Jordán. Siempre has estado y estarás conmigo, siempre has estado y estarás donde yo esté, mi princesa.

Reseñas bibliográficas inspiradoras del relato :
-La historia se inicio inspirada en Edgar Alan Poe, al leer su relato , el cuervo, y la añoranza por Leonora, en mi relato hay una añoranza por otra mujer que ha muerto.
-Lo de esparcir las cenizas es influencia del libro Vivir del Viento, de Alberto Vazquez-Figueroa, donde el protagonista arroja la urna con las cenizas de su mujer a la lava de un volcán.
-De parte de la princesa muerta esta prestado del título de un libro, de MOURAD,KENIZE.
-Nínfula : término recordado de Lolita : de Nabokov, Vladimir y por extensión, náyade.

3 comentarios

anónima -

yo quiero ser princesa, pero no muerta

white -

Con el frío que hace y tú me pones los pelos de punta. Me gusta leerte, ¿te lo he dicho alguna vez?

la hechicera de la luna -

Realmente bello tu relato...de presencia y esencia...maravilloso.
felicidades